Desde una nube nos mira y se sienta, observa los movimientos, las caricias y nuestros pensamientos. Nos manda buenas vibraciones, ánimo y mucha mucha suerte. Si fuera por él otro gallo cantaría. A veces baja, viene cuando dormimos, nos arropa, y nos susurra que sigue ahí aunque no le veamos.
Los ángeles son así, nos siguen desde las alturas pero se aseguran de que nunca estemos solos
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